No puede dormir. Ni siquiera sabe qué hace sentada delante del ordenador a esas horas. Quizás lamentarse, pero escribir desahoga. Se lamenta de que siempre que planea y desea algo con ilusión, los planes se truncan.
Ella le quiere, de eso no hay duda. Aunque no le quiere como el primer día. Tampoco como aquel día de marzo, cuando le vio girar la esquina y sintió que estaba enamorada de él; ni tan siquiera le quiere como ese día en el que hicieron el amor por primera vez, pero le quiere. Y se dio cuenta de que le quería cuando empezó a aceptar sus defectos, y cuando sintió que le necesitaba. Pero para él ya era tarde, porque siempre le había reprochado que ella no le quería “bien” y que sólo le echaba de menos cuando sentía que estaba lejos.
De esta forma, su historia se terminó. Y todo lo que termina, termina mal; y, si no termina, se contamina más.
De esta forma, su historia se terminó. Y todo lo que termina, termina mal; y, si no termina, se contamina más.