Hoy en día, mucha gente pasa de perdonar. Por inapetencia, por inmadurez, por falta de tiempo, por dolor… sí, pero, sobre todo, por rencor. Yo lo único que no perdonaría sería una traición, una infidelidad. Por lo demás, ¿por qué no perdonar? Algo positivo que poseemos los seres humanos es la capacidad de rectificación. Cuando cometemos un error, dos, tres, mil, lo importante es analizarlo para procurar no volver a cometerlo, y pedir perdón. Todos somos capaces de hacerlo, pero cuesta. Normalmente, alguien nos tiene que dar un empujón para que lo hagamos. Lo que cuenta es que, al fin, nos damos cuenta del daño que hemos hecho a una persona, de una actitud equivocada, de una desconfianza desmesurada, de una opinión errónea; o de todo lo que pudimos dar y no dimos en su momento.
Nunca es tarde. Y, si alguien piensa que es tarde, es porque no es lo suficientemente humano como para saber perdonar, o es lo suficientemente rencoroso como para dejar de serlo. El rencor sólo conduce hacia la infelicidad, hacia la nada, hacia el no-aprendizaje.
Debemos ser más EMPÁTICOS y ponernos en el lugar de la otra persona. Perdonarla si no ha sido capaz de estar a la altura de una situación, quizás desconocía cómo reaccionar en un momento determinado. Aprender eso ya es un triunfo.
Nunca es tarde. Y, si alguien piensa que es tarde, es porque no es lo suficientemente humano como para saber perdonar, o es lo suficientemente rencoroso como para dejar de serlo. El rencor sólo conduce hacia la infelicidad, hacia la nada, hacia el no-aprendizaje.
Debemos ser más EMPÁTICOS y ponernos en el lugar de la otra persona. Perdonarla si no ha sido capaz de estar a la altura de una situación, quizás desconocía cómo reaccionar en un momento determinado. Aprender eso ya es un triunfo.