Me gusta dormir sin tener hora para levantarme, que me despierten a besos, desayunar cereales con leche, ser adicta al chocolate, la oxitocina y la vitamina D. Me gusta cantar en la ducha, poner la música muy alta, bailar, ver el fútbol y gritar “gooooool”. Me encantan los pequeños momentos de éxtasis, ver monólogos y reírme hasta llorar. Me gusta que me lleven en coche, los planes improvisados, viajar y descubrir nuevos lugares, veranear en Murcia, tomar el sol, pasear por la playa y recordar viejos tiempos. Me gusta ver fotos, y me encantan si son de cuando era pequeña. Me gustan los niños, su risa y su inocencia. Me encanta descubrir que el destino existe, llevarme sorpresas bonitas, que se acuerden de mí, que me saluden con un beso bien dado y que me abracen y se detenga el tiempo durante ese momento. Me gusta dar las gracias, fijarme en los pequeños detalles, que me miren a los ojos cuando hablo, expresar lo que pienso, escuchar a los demás y hablar con la gente. Me gustan mis amigos, y me encantan esos que cuento con los dedos de una mano. Me gusta la gente auténtica que no tiene complejos, la gente independiente, sencilla, accesible y natural, y las personas que son coherentes, hablan claro y se arriesgan. Me encanta la mirada y la sonrisa de ciertas personas, y la gente tierna y cariñosa. Me gusta que me digan “te quiero”, pero me gusta más que lo demuestren. Me gusta el respeto, la honestidad brutal, tumbarme en la cama y escuchar a Calamaro. Me gusta sentarme en una terracita y pasar el rato, ir de cañas a La Latina, disfrutar cada año de la Pradera, las noches de verano y pasarme horas mirando las estrellas y la luna. Me gusta tirarme en el césped del Retiro y cerrar los ojos, salir a correr, respirar aire, sentirme viva, ir a las Vistillas y admirar Madrid desde lo alto. Me gusta soñar que pasan cosas que quiero, pero me gusta más soñar despierta y sentir cómo se cumplen. Y me encanta sonreír, que me hagan cosquillas, que me tiemblen las piernas y sentir que vuelo.