Hay tantas cosas que, si se pronunciaran en voz alta, desvelarían secretos de una intensidad que quizás no podríamos asumir. La verdad es que siempre que me siento diferente, pienso que el resto del mundo se dará cuenta, pero la mayoría no se da cuenta de nada. Tenemos miedos. Todos tenemos miedos, aunque lo bueno de esta vida es que casi nadie nos pregunta cuáles son los nuestros. Los intuyen, los huelen, se encuentran con ellos un día. Bodas, inversiones, besos, sexo...en todos esos momentos puedes decidir dar marcha atrás por todo tipo de miedos. La infancia es más fácil de dibujar. Recuerdo que mi madre siempre decía que era mentira que fuese la época más feliz de nuestra vida. Ella opinaba que es cuando más lloramos. Decía que se llora tan desconsoladamente durante esos primeros años, que la infancia es como toneladas de tristeza mezclada con kilogramos de felicidad. La gran época bipolar de nuestra vida. Me gusta la gente que te hace sentir cálido tan fácilmente. Lo consiguen de una manera tan sencilla que no reconoces cómo lo logran. Dice un proverbio chino que adoro: "no abras una tienda si no sabes sonreír". Él podría abrir cien grandes almacenes. No sé bien si el don me encontró a mí o yo lo encontré a él. Hay pequeños detalles que forman parte de uno y te hacen ser como eres. Me encantan los rostros que aparecen junto a la pasión de nuestra vida. Es innato en las personas. Pero los puntos finales facilitan la vida a la gente. Ella no creía en finalizar discusiones ni charlas; decía que los puntos aparte y los suspensivos incrementan la inteligencia. Nunca se sabe qué encontrará uno tras una puerta. Quizá en eso consiste la vida: en girar pomos. Por eso hay que ser valiente, en la vida, en el amor y en el sexo. La gente olvida que debe pedir caricias y besos. No pienses nunca que ese es el coto de tu pareja del momento. Ojalá entendieras que hay que despenalizar acciones que se relacionan con el sexo. Un abrazo no debe ser de diez segundos, ni de treinta, puede durar ocho minutos si es necesario. Si yo recorro de memoria el guión, tú ve de puerta en puerta a buscar baldosas amarillas para un funambulista imposible, leyendo en braille los pasos del siguiente mortal.