A lo largo de los años, he podido
comprobar cómo las cosas cambian; no de un día para otro, sino con el tiempo.
Aunque a veces hay cambios radicales que te hacen madurar a la fuerza, se suele ir cambiando poco a poco, sin apenas
darnos cuenta. Vivimos sin ser conscientes de que todo a nuestro alrededor se
transforma, a mejor o a peor. Y de esto sólo somos responsables nosotros, no
las circunstancias. Nosotros, con nuestras decisiones y acciones, hacemos que
algo avance, se estanque o desaparezca. Y es nuestra actitud la que nos lleva a
dar un paso más e intentarlo, o tirar la toalla y abandonar. No soy de
abandonar, pero la vida me ha demostrado que no puedes estar siempre dando sin
recibir a cambio, que no puedes apostar por personas si no te demuestran nada;
porque, tarde o temprano, todo cae por su propio peso, y vemos quién importa y
quién no. A mí sólo me importan los que
me cogen de la mano y me hacen mi camino más fácil: me quitan piedras, me dan
semillas, me ponen señales, me pintan el sol… Y no me importan aquellos que
toman otros caminos o los que van en el mío sólo para destrozarlo. Al final los
acabo echando, y yo sigo mi camino con una lección más aprendida. Así de
simple, es lo que me gusta: que la gente me facilite la vida, no que me la
complique. No creo que lo difícil atraiga, porque no hay nada difícil si te lo
trabajas. Son los retos los que nos impulsan a darlo todo y los que nos hacen
ver que, si hemos elegido el camino adecuado y estamos caminando en él,
superaremos todo. Seremos capaces. Voy por donde necesito ir, estoy andando mi
propio camino; no otros que parecen atractivos pero que en realidad son
peligrosos porque la gente te pone la zancadilla. Yo aún estoy haciendo mi
camino e invito sólo a las personas que me guían y me facilitan la construcción
del mismo, las que hacen de mí una buena caminante.
El día que encuentre un camino
parecido al mío, con su mismo terreno, su mismo clima, sus curvas con giros
idénticos y su alegría…construiré una carretera que llegue hacia él, así
estarán unidos. Y, si esa unión resulta fructífera y beneficiosa para los dos,
construiremos juntos nuestra ciudad.