14 abr 2013

Veintitrés y señales de madurez

Te empiezas a sentir inseguro y te preguntas dónde estarás en un par de años, pero luego te asustas al darte cuenta de que apenas sabes dónde estás ahora. Dejas atrás la sobrevalorada vida universitaria y te pones a trabajar. Tu círculo de amigos es más pequeño que el de años universitarios, pero mucho más valioso y verdadero. Aunque cada vez te resulta más difícil coordinar horarios por cuestiones de trabajo o pareja, disfrutas más esa cañita que sirve como excusa para charlar un rato con tus amigos. Prefieres quedar para cenar en una casa tranquilamente. Las multitudes de la noche ya no te son divertidas y a veces hasta te incomodan. Te empiezas a dar cuenta que algunas personas son egoístas, y que esos amigos que creías cercanos no son exactamente las mejores personas que has conocido. Sabes diferenciar entre los que merecen la pena y los que no te importan por no tener nada en común. Te acuestas por la noche preguntándote por qué no puedes conocer a alguien lo suficientemente interesante como para querer conocerlo mejor. Quizás amas realmente a alguien, pero no estás seguro de si te sientes preparado para comprometerte por el resto de tu vida. Empiezas a plantearte muy seriamente independizarte y formar una familia. Atraviesas por las mismas emociones y preguntas una y otra vez. Hablas con tus amigos por teléfono o en persona, y no por mensajes. No terminas de tomar una decisión porque dar pasos hacia delante te da miedo. Los ligues y las citas de una noche te parecen aburridos y superficiales, y emborracharte empieza a parecerte verdaderamente estúpido. Si sales por la noche, es para celebrar un cumpleaños o bailar un rato, pero a las dos te marchas a casa felizmente pensando en tu cama. Te llegan recibos del banco a tu nombre. Miras tu trabajo y ves que no estás ni un poco cerca de lo que pensabas que estarías haciendo. Te frustras porque no encuentras algo que te permita desarrollar todo tu potencial. Tratas de entenderte a ti mismo sobre lo que quieres y lo que no. Tus opiniones se vuelven más fuertes y tus gustos más exigentes. De repente, aparecen ciertos lazos eternos con personas especiales y llegan a tu vida responsabilidades muy serias. Analizas todos los errores cometidos en el pasado y te preocupas por el futuro. Estas experiencias son los cimientos previos a la vida de adulto; por eso… hay que aprovechar el presente y hacer lo que nos apetezca en cada momento porque lo más bonito de la vida es crecer y aprender cada día más y mejor.

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