Yo, hasta entonces, había crecido feliz e inocente.
Cuenta el mito que, cuando Pandora, muerta de curiosidad, abrió la caja, liberó todos los males, y esos males se extendieron a toda la humanidad, pero Pandora cerró la caja justo a tiempo para que la esperanza no saliera.
Te dan una caja, te dicen que la guardes, que contiene algo, pero que nunca la abras. Una caja que, si la abres, destrozará todos tus pensamientos y te hará sentir cosas que ni siquiera imaginaste.
Muy bien, díselo a alguien que no le pique la curiosidad; a mí es como si me pidieras que viva sin respirar. Tengo delante una caja que cerré hace tiempo, incluso escondí, pero a veces me la sacan, me la recuerdan… hasta que llegue un día que no pueda más, y la abra. “No abras nunca la caja..." Y, sin embargo, todos abrimos la caja de Pandora. Siempre.
¿Y qué hacer si son otros los que la están abriendo por ti? No puedes pedirme que deje de mirar lo que sale de ella.